Argentina: De la cárcel al teatro por la reinserción

Los actores recrean una parte final de la obra y aplauden. Alguno bromea y marca que su compañero se olvidó la letra, mientras sigue la ronda de mates. El estudio donde se encuentran, ubicado en el barrio de Palermo, pertenece a María Dutil, la directora del grupo. Ella junto a su pareja, Lito Cruz, iniciaron ya hace un tiempo la experiencia de trabajar dentro de las cárceles, acercando su arte.

Precisamente, el elenco de la obra que acaban de representar en parte -“El cajero que fue hasta la esquina-” está conformado por los profesores del proyecto teatral “Dutil-Cruz” en el Servicio Penitenciario Federal, y personas que estuvieron presas y hoy recuperaron su libertad.

“Todo empezó cuando hacíamos la obra “Un sueño de milongueros” con Lito y en un restaurante una docente del penal de Florencio Varela que vio la obra nos dijo que podría ser muy bueno ir a representarla ahí dentro”.

Dutil con Cruz hicieron la obra en el penal de Varela y se comprometieron con ese nuevo mundo que descubrieron. “Nos contactamos con el ministro de Justicia Alak y empezamos a recorrer las cárceles federales con la obra. Estuvimos en Salta, Jujuy, en gran parte del país”.

El paso siguiente luego de la obra fue empezar a trabajar en forma directa con los presos. Hoy Dutil, junto a otros profesores dan clases a unos 160 internos dentro de 16 penales que se agrupan en los complejos penitenciaros de Marcos Paz, Villa Devoto y Ezeiza.

 

LOS PREJUICIOS

María señala que no fue fácil romper prejuicios entre presos, guardiacárceles, convencerlos que venían con un proyecto que buscaba ayudar y educar.

“Empezamos con libros de la comisión de bibliotecas populares (Conabip) y obras que mostraban la historia desde un revisionismo histórico, como el éxodo jujeño, Lavalle, con el apoyo de Pacho O”Donnell. Por otra parte hacíamos obras de humor, con autores nacionales”.

De a poco fueron incorporando otras temáticas como la violencia de género, el alcoholismo, la identidad. “Se iba debatiendo, entrando en temas que podía tocarlos más de cerca, era una experiencia muy enriquecedora para todos”, agrega la directora.

“Cuando uno se encuentra con gente detenida las charlas, las temáticas suelen ser las mismas. El preso suele pensar que la mujer no lo esté engañando afuera o como salir. Está en el encierro, los problemas. Con los talleres empezaron a poder salir al menos en ese rato de esa situación, pensar en otras cuestiones, imaginar otro mundo”, comenta Pablo Drigo, uno de los docentes.

La experiencia en los talleres fue movilizante para los internos, quienes empezaron a pensar en que podían hacer una obra de teatro. Fue así como surgió la obra “bandidos rurales” que se hace dentro de los penales y la representan los detenidos.

María señala que todos pueden participar de los talleres y las obras. “Nosotros no preguntamos que delito cometieron, lo que queremos es que participen”. De todas formas, cuenta que muchas veces los mismos internos, por ejemplo a los “buchones” no les permiten sumarse al taller. Drigo agrega que su límite están en quienes cometieron delitos de Lesa Humanidad. “Prefiero que no vengan a mis clases”, dice.

Entre la gente que participó de estas experiencias se puede nombrar a Juan Carbone, ex músico de Callejeros que hace pocos días recuperó su libertad. También a Raúl Villarreal, mano derecha de Chabán, y a uno de los 12 apóstoles, la banda que realizó un sangriento motín en Sierra Chica.

Néstor Navarría, otro de los profesores indica que “con el teatro se logra bajar el nivel de violencia que se percibe muchas veces en la cárcel. Hay que pensar que en muchos casos tenés 60 tipos que viven en pocos metros cuadrados. Les das un rato de dignidad, de poder pensar algo distinto. Pueden imaginar otra cosa”.

 

RIFIFI

Horacio Dominichetti llega muy bien vestido, con traje y corbata, junto a su novia, a reunirse con sus compañeros. Dice que está buscando trabajo, pero no es fácil. “Yo ya soy un tipo grande y se a lo que no quiero volver. Pero un pibe joven que está en la cárcel cuando sale si no le dan laburo en ningún lado, termina volviendo a delinquir”.

Cuenta que alguna vez lo apodaron el “rififi” argentino. “Lo mío fue ser ser boquetero. En las joyerías de la calle Libertad hice varios trabajos”.

Dice que se crió por la zona de barrio Parque y anduvo también por Bahía Blanca y Brasil. Cuenta que hasta en uno de sus robos al voleo terminó en la casa del ex almirante Massera. “Tuve mucha plata y así como la tuve me la gasté. Conocí casi todas las cárceles, pero ahora ya estoy en otra”.

Dominichetti afirma que parte de esta transformación se la debe al teatro. “Me contacté con el grupo cuando estaba detenido en Marcos Paz. Trabajaba en la biblioteca del penal y un día me prendí y ya no abandoné más las clases”.

“Como uno de los más veteranos buscaba que los más jóvenes también se prendieran. No es fácil porque cuando entras en la cárcel hay muy pocas ganas de hacer cosas. Caes en la depresión, no querés salir mucho de tu celda. Pero para mi las clases de teatro siempre fueron un incentivo”.

Horacio cumplió su condena y actualmente forma parte del elenco de la obra “El cajero que fue hasta la esquina”. “Te pueden enrejar pero a las ideas no. El teatro me dio la libertad que me faltaba en la cárcel y ahora quiero seguir con el grupo, es importante para mi””.

 

UNA OPORTUNIDAD

Cynthia Cordero es otra de las actrices del elenco de “El cajero” que se presenta los sábados en una sala de Palermo. Actualmente está en libertad condicional.

“Caí en el tema de las drogas y no pude salir. Robé para conseguir plata para comprarla, y terminé detenida. Llegué al Centro de Rehabilitación de Drogas (CRD) en el penal de Ezeiza. Es un régimen muy duro, como en las granjas. Hay horarios y tiempo para hacer cada cosa”.

Al poco tiempo conoció al grupo de teatro de Dutil y se prendió. “Lo vivo con continuidad, algo que no es fácil en mi. Este proyecto me dio la oportunidad de hacer cosas, trabajar en algo nuevo, no abandonarme”.

Dutil comenta que además de cursos y práctica de teatro con detenidos, también les gustaría dar estos talleres para los agentes penitenciarios. “Es fundamental seguir con esta propuesta, y también incluir al personal, ayudar en la formación de todos porque entendemos que el teatro humaniza”.

Navarría agrega que “uno se encuentra con que muchas veces los detenidos carecen de formación. La cultura siempre da sentido a la vida. Está comprobado que quienes se forman, estudian, leen, tienen más posibilidades de reintegrarse socialmente y no reinciden”.

María dice que con estas experiencias buscan transmitir a los detenidos que la vida puede ser posible sin caer en el delito, que hay otras opciones, que no todo es ganar dinero a toda costa. Buscan ser un pequeño anclaje de esperanza para hombres y mujeres en mundo duro como el carcelario. Una apuesta para cambiar.

De la cárcel al teatro por la reinserción – Actualidad | Diario La Prensa.

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