Columna de opinión (Colombia): La cárcel y los miasmas

Cartagena, en medio de una reunión en la dirección del penal, el techo se desplomó y la Procuradora fue testigo excepcional del deterioro de la edificación. Nadie se lo estaba contando. Quedó cubierta por una tierrilla blanquecina y sintiendo el polvo en la garganta.

La oficina es, quizá, la mejor locación con la que cuenta todo el edificio.  Los presos viven, por supuesto, en condiciones inimaginables. Eso hay que verlo con los propios ojos, y olfatearlo.  Podría ser descrito quizá por Patrick Suskind, a la manera descarnada de narrar los olores en El Perfume. Todos los pasillos apestan y el calor exacerba el vaho. Los talleres, que se suponen que son el espacio en el que los internos se rehabilitan dedicándose a actividades formativas y productivas como la ebanistería y la modistería, necesitan más que buenas intenciones. Los hombres se arrinconan bajo las pocas tejas que aún se conservan, procurando protegerse de la canícula del Caribe. Así, siguen lijando la madera, haciendo chancletas, cosiendo.

En invierno el agua destruye toda posibilidad. No hay techo. La lluvia, además, trae consigo un agua pantanosa, que huele a heces fecales, a orines contenidos, a miseria. En ese lugar hay gente. Trabajadores, internos condenados, y muchos otros con detención preventiva, esperando ser juzgados. Algunos, sin duda, serán considerados inocentes. Otros son inocentes y siempre serán considerados culpables. De cualquier modo, aún siendo merecedores de penas privativas de la libertad, las condiciones de la cárcel de Ternera, como de los otros penales de Colombia, son una apología a la tortura, a la reducción del ser humano a su mínima expresión, a la barbarie.

Hace un año murieron 17 internos en la cárcel Modelo de Barranquilla consumidos por un incendio que hizo que los que se salvaran narraran los hechos pensando en el Apocalipsis. Los familiares culparon al Inpec, y el tema generó cierta alerta nacional y ventiló las condiciones inadecuadas que presentan las cárceles en Colombia. El Ministerio de Justicia propició reuniones con directores de penales, la Procuraduría advirtió abrir investigaciones, y el tema carcelario ocupó titulares de prensa por algunos días.  Resultados, sin embargo, no hay.

Un año más tarde y ante la desastrosa crisis que se incrementa, el Movimiento Nacional Carcelario ha manifestado su preocupación por las miserables condiciones sanitarias y judiciales, acompañados de jornadas de protestas en distintos penales. Le piden al gobierno la instalación de una mesa nacional de concertación para tratar problemas estructurales, que se declare emergencia social y humanitaria, y que se establezcan rebajas de penas teniendo en cuenta la gravedad de la crisis actual.

Los altos funcionarios del gobierno, sin embargo, parecen recordar las cárceles solo cuando enfrentan una investigación penal, con la salvedad de que, de ser hallados culpables, gozarán de trato exclusivo y no tendrán que soportar la podredumbre, los miasmas de los penales colombianos.

Seis de las 10 cárceles con mayor hacinamiento en Colombia se encuentran en el Caribe colombiano: Valledupar, El Bosque, de Barranquilla; Riohacha, Santa Marta y Magangué. Garantizar condiciones adecuadas depende del Gobierno nacional. Por estos territorios también se construye paz, eso no debería olvidársele al Estado.

javierortizcass@yahoo.com.

@JavierOrtizCass

vía La cárcel y los miasmas | El Heraldo.

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