El Salvador: Sobre delincuencia y pandilleros

Pocas cosas son tan deseadas actualmente como que esos planes sean exitosos y sus frutos se vean en el más corto plazo, pero además de la decisión política, se necesitarán valor, voluntad y capital para sufragar los gastos que la ejecución del plan genere.

Cuando despierto de mi onírico y mágico anhelo de paz, me encuentro con el razonamiento frío y revelador de las condiciones y requisitos que necesitan esos planes. Las propuestas (unificadas) tienen 3 fases principales, no secuenciales: 1) Represión. Esta fase deberá ser ejecutada coordinadamente por las entidades legales: el Ministerio Público (FGR, Sistema Judicial); la PNC y la Fuerza Armada. Todos ellos están en funciones actualmente, con más o menos eficiencia. 2) Prevención. Desarrollar programas para desincentivar el delito y la violencia e incentivar una cultura de paz, para ejecutarlos en las zonas de mayor presencia de pandillas.

Actualmente han anunciado planes el Ministerio de Educación, las municipalidades y diversas ONG. Falta desarrollarlos y cosechar sus resultados. 3) Reinserción. Este es un punto que no se resolverá con palabras y promesas porque presenta varios detalles que no tienen respuestas ciertas al momento, tales como: se ha estimado el número de pandilleros en 60,000; si la cuarta parte de ellos –15,000– decidieran salir de la vida delincuencial hoy, se necesitarían 15,000 empleos disponibles de inmediato para ofertarlos a personas que pudieran no tener destrezas laborales excepto el currículum de ser expandilleros.

Actualmente nuestro país tiene déficit de empleos para personas que no son delincuentes y pareciera justo que se pensara primero en resolver el problema laboral de estos últimos antes de la reinserción propuesta. Por otra parte, la reinserción debe darse a personas que demuestren con sus acciones su deseo de cambiar de vida, lo cual implicaría la eliminación de los tatuajes corporales para mostrar el rompimiento con las acciones de la vida pasada.

Si solo fuesen tatuados los 15,000 hipotéticos mareros y no otros familiares, se requeriría eliminar los tatuajes de ese número de personas antes de la reinserción laboral y además conseguir 15,000 viviendas ya, para poder hacerles cambio domiciliar porque con la pena de muerte tan fácilmente aplicada por las pandillas, seguramente ejecutarían a los que consideren traidores.

Como dejamos expresado arriba, las 3 etapas no son secuenciales ni dependientes entre sí por lo que podrían iniciarse las 2 primeras de manera firme y eficiente mientras se encuentran las respuestas a los retos para al menos la cuarta parte de los pandilleros.

Faltarían 45,000 núcleos familiares más para reinsertarlos. ¿Y los fondos? Como ya no se necesitarán algunos ministros porque se nombran “Consejos” para cumplir sus funciones (Seguridad, Educación y otros que probablemente saldrán), seguramente habrá presupuestos de dónde sacarlos.

vía Sobre delincuencia y pandilleros.

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